Un buen día llegamos a casa con un bebe en nuestros brazos y un papel que dice que SOMOS PAPA O MAMA.

Algo así como llegar a una obra con un titulo de arquitecto, sin haber ido ni un solo día a la universidad.

Pero ojo, que la casa no se caiga, que quede bonita y además trabajando a tiempo completo en otro trabajo.

Suena imposible, o absurdo?

Si, lo sé. Y lo es.

Esta conciencia de que de golpe se nos activa un rol para el que no siempre nos sentimos preparados puede generarnos una gran inseguridad y nos activa inevitablemente el interés y/o la preocupación por cómo ser un BUEN PADRE o UNA BUENA MADRE.

Queremos hacerlo BIEN.

Un reto enorme, partiendo de la base de que no hay una manera de HACERLO BIEN.

El rol de papa y mama es un rol que no hemos hecho nunca, hasta que nos ponen a nuestro hijo o hija en la manos y de repente se activa una nueva función, una nueva responsabilidad, una nueva manera de comportarse para la cual no tenemos idea de cómo funciona.

Habitualmente, cuando no sabemos hacer algo, solemos mirar o preguntar a otros que lo hayan hecho ya…y ahí pueden aparecer nuestros padres.

Pero actualmente nos encontramos con una situación realmente especial:

El modelo que han usado nuestros padres no vale para nuestro presente.

La realidad ha cambiado, está cambiando y ese modelo de familia mas autoritario, en donde reinaba la disciplina, y las reglas a base de imposiciones o miedo, ya no tiene mucha vigencia.

Por lo cual nos toca inventar una nueva manera de ser padres, y ante ese nuevo reto es posible que nos sintamos muy solos.

La falta de referencia, de modelos a seguir que nos digan que “vamos bien”, puede hacer que muchas veces este camino se convierta en algo muy angustioso.

Así mismo observamos un aumento en la preocupación por que nuestros hijos NOS QUIERAN.

Si…que nos quieran.

No es que antes no les importara, pero el objetivo estaba más puesto en que los hijos se portaran bien, que obedecieran, estudiaran…sin entrar tanto en juego este aspecto emocional.

Hoy en día esto ha cambiado y la demostración de cariño por parte de nuestros hijos parece que es un asunto de gran importancia. Pareciera que ese cariño demostrado sería una pauta de QUE LO ESTAMOS HACIENDO BIEN.

El problema es que conseguir que nuestros hijos nos reconozcan, nos respeten y nos amen implica procesos diferentes que no siempre pueden darse a la misma vez en el mismo momento.

Sí yo le pongo límites a mi hijo y le digo que no, a algo que él desea, posiblemente en ESE momento no me QUIERA…a pesar de que yo sé que es muy importante que ese límite se respete.

De este conflicto surge muchas veces las dificultades para criar y acompañar a nuestros hijos en este duro proceso de educarlos y de ir formando una familia que tiene que encontrar su manera de cuidar y funcionar, sin mapas o modelos.

La posibilidad de hablar de esto con otras personas que estén en tu misma situación, participar en actividades grupales o incluso consultar a profesionales expertos  puede ayudarte a gestionar todas estas emociones, puede ser un primer gran paso para sentirte seguro a pesar no saber siempre si lo estás haciendo bien.

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